Con el saco de dormir que me regalaron por la comunión, hice con mi padre, la primera pernocta en la Sierra de las Nieves. Me acuerdo bien porque, en aquella subida , me enseñó a mullir el suelo de la cueva con ramitas (no había esterilla o al menos no me la regalaron ) y hojas de secas que salimos a buscar a posta; me enseñó a pelar las ramas con su navajilla (poco más tarde me compró un machete solo para mi); me enseñó a doblar el saco perfectamente plegado desde el final para sacarle el aire y volverlo a meter en su funda; tras muchos años subiendo con él a los montes, o me hice mayor, o el senderismo se puso de moda, o yo me aburrí, pero mi padre me enseñó cuanto sé a día de hoy de montaña y supervivencia.El otro día, a las 4.30 de la mañana, la necesidad de empaquetar las 2 mochilas y desmontar la tienda al ritmo que él permite para salir a las 5, me hizo coger el saco a puñados e ir metiendo el saco en su funda pellizco a pellizco, puñetazo a puñetazo.. Descubrí entonces, que nunca había guardado los sacos tan rápido. He comprobado las sucesivas mañanas , que no solo es rápido sino que queda genial; no es solo que mi padre, con su orden y perfección estuviera equivocado "de cabo a rabo', es que no se me había ocurrido cuestionarlo en 20 años.Sirva esta tontería, para introducir la razón por la que este viaje y tantas horas de camión se han convertido en la mejor meditación que había hecho hasta ahora, y por ende, un encuentro conmigo. Mi amigo Antonio dirá, que lo que traigo en este relato ya lo había trabajado antes, pero creo que me ha pasado como con los chistes, casi todo me suena a nuevo, pero en este caso no me rio.Esta mañana mi padre, ha perdido por enésima vez algoo. Un día la chaqueta, después de decirle súbela al camión; el otro la riñonera con el pasaporte, después de advertirle que no se la quite y si lo hace, que me la de; hoy el monedero (que no quiere llevar en la riñonera), pero después de una hora de buscarlo , me ha preguntado por su móvil, que no debiera haber salido de su riñonera. Me he tranquilizado pensando que ambas cosas las dejara anoche, en un bolsillo pequeño de la tienda de campaña, donde le recordé ayer tarde, que no guardara nada. Por supuesto me he mosqueado.Pero... ¿Cuánto hay en mi cabreo, de desesperación y cansancio, y cuánto de frustración propia? ¿Por qué él no cumple con el orden y sistemática que ha predicado toda su vida? Sí, me jode; y me fastidia muchísimo más, que si lo hiciera mi madre, que nunca ha dado tanto la brasa con este tema. Me da una rabia que no puedo con ella. Esto es lo que mas pesa en mi respuesta airada, más que el trabajo de buscar las cosas que ha perdido. Descubro en mi, una "revancha" ("venganza"me parece atizarme muy fuerte), que quiere ahora que "sufra lo que yo he sufrido", a cuenta de ese amor incondicional que nunca ha cuestionado el orden establecido por él.Con el alcohol y los antimaláricos pasa igual. La hemos tenido todos los días con lo que bebe. Lo hace como si estuviera en el bar de abajo de casa. No se da cuenta que vamos en un camión y que el vater no está tan cerca. Desde que empezamos con los antimaláricos es aún peor. La incompatibilidad de los antibióticos con el alcohol aconseja elegir. Se lo he explicado en cada comida y aperitivo, con amenaza de elegir yo, obteniendo finalmente un "pues no me des más pastillas no las necesito". Siento una impotencia total. Por un lado, yo elegí no ser madre hace muchos años y no quiero serlo aquí. Por el otro lado el riesgo de coger la malaria o pasar vergüenza en el camión porque no le de tiempo, es suyo. Él es tan autónomo para decidir, cómo lo es para beber a escondidas mía (se acuerda perfectamente de que no quiero que beba).¿Cuánto hay en mi frustración de verdadero cuidado y cuánto hay de querer seguir siendo "una buena hija'? Creo que siempre he sido lo que esperaban de mi (mis padres); ser "una buena hija" ha sido mi meta durante gran parte de mi vida. Hoy, a pesar de los años, y con algo de trabajo personal a las espalda, me descubro preocupada por el "qué dirán"; ¿Qué pensará mi familia, si mi padre coge la malaria?, ¿Qué pensarán los demás del grupo, si tienen que parar el camión por urgencia intestinal? ... Pero no me planteo qué pensarán de él, sino de mi, de mi trabajo como cuidadora... Sí, me frustra. La idea de tener todos los ojos en mi, y no poder responder al nivel de exigencia, que yo misma me he puesto, pesa al menos lo mismo, que el hecho de que no entienda la importancia de dejar de beber alcohol.Reformular una pérdida consiste, no en olvidar, si no en vivirla desde otro lado, con otra mirada. No haré ningún viaje más como éste, pero el viaje de la vida, me ha arrimado a gente amorosa. Personas que me han enseñado a tratar cada descubrimiento con ternura.Si bien es tiempo de guardar la fusta, toca tambien soltar esa soberbia y exigencia que me acompañan. Es tiempo de encontrarme con compasión y autocuidado.Brindo por ello.A mi salud!
África (2); Encuentros
Publicado de Isabel Cantos en Duelos · 12 Agosto 2023
