Lucía Solla Sobral – Comerás Flores

El libro de Lucía Solla no va de un duelo, pero lo atraviesa. Lo traigo aquí hoy, a pesar de ser un libro que he padecido en 3 intentos de retomar y terminar. Todavía no sé si por mi activismo feminista, por mi constante anhelo de ternura, o porque a la vez, me iba sintiendo igual de atrapada que la protagonista, Marina, por ese guapetón, cariñoso, inteligente, atento y detallista que la acompaña en esta historia “de terror psicológico”.

Como podéis imaginar, se trata de una relación (me cuesta llamarla historia de “amor”) que comienza paralela al duelo por la pérdida del padre de Marina. Contada en primera persona (ella), con un estilo directo súper fresco, ofrece un fiel reflejo de los vaivenes del duelo y su complejidad emocional con un lenguaje que expresa lo que muchas veces se oculta.

«Yo no quería ir […] y fui, fuimos y Jaime se puso una americana, me ajustó bien la coleta y no me soltó. La iglesia de Veiramar es como veiramar, fea. Con la misma gente de siempre y gris, pero no gris el color, gris la humedad que te llena la nariz y te da náuseas, ese gris. Y en la mesa todos estábamos grises porque a mí me había muerto mi padre, pero a mi madre le había muerto su marido, y a mis tías su hermano pequeño y a esos señores de atrás su amigo y su socio.
Todavía no sabíamos qué hacer con su ropa ni qué nos queríamos quedar cada uno. Me concentraba con fuerza en todo lo que había en su armario, lo tocaba, lo olía, lo recordaba con esas camisas, esos trajes, los pantalones de pana. Tocar, oler, recordar. Para que me doliese mucho cuando ya no estuviese más toda esa ropa en casa, para poder describir una, cinco, cien, mil veces como era cuando la tenía, cuando estaba vivo. Cuando papá era el que me iba a buscar a la estación o el que me compraba las galletas de 5 en 5 cajas. Cuando a papá lo podía llamar y él me podía contestar. Para llevarme la pena entera donde fuese y hundirme con ella, porque si no había pena ¿Qué me quedaría de papá? […] y ya estábamos otra vez en los mismos bancos de madera celebrando… ¿Celebrando? un año de muerto. Felicidades papá llevas un año muerto»

Ha sido una lectura incómoda, hasta tal punto que fui incapaz de continuar leyendo algunas situaciones que me ponía enferma ¿Y por qué traigo entonces esta lectura? Pues porque soy una amante de la pintura y jamás pondría en mi casa “el grito” de Munch, pero admito que es de los cuadros que más me fascina: hacerme sentir así, con una imagen tiene mérito. Como maneja los silencios y la angustia que me ha generado Lucia Solla no la he leído en mi vida.

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