«El amor y la muerte son los mayores regalos que se nos dan. Los recibimos, pero no los abrimos.»

Rilke

Asociación para el Acercamiento a la Muerte y Aceptación Consciente (AMAC)

En una sociedad donde la producción y eficiencia son el «Padre Nuestro», la muerte queda arrinconada del eco  mediático y cultural, a menos que «pueda venderse» (muertes trágicas y múltiples en su mayor parte).

Siendo, junto con el nacimiento, lo único que iguala a toda la sociedad (ricos y pobres, hombres y mujeres, jóvenes y viejos), sería interesante cuestionarse por qué es «de mal aguero» hablar de la propia muerte y expresar tanto miedos como deseos.

Tampoco ayuda a que la muerte esté en nuestras tertulias la institucionalización que hemos hecho de ella. Expresarse y compartir temas como las voluntades vitales, el testamento vital, el ritual funerario en sí, el suicidio o el duelo gestacional, es necesario para lidiar con los duelos, lo mas sanamente posible.

No es extraño así, que los datos de satisfacción cuando se dan estas tertulias o «Death Café» sean abrumadores.

La Asociación para el Acercamiento a la Muerte y Aceptación Consciente (AMAC), surgió a finales de 2024, con el fin principal, de continuar la labor de poner la muerte y el duelo en la agenda mediática, y normalizar las conversaciones sobre estos temas.

Si quieres información sobre sus estatutos o hacerte miembro, puedes rellenar este formulario.

Hablemos de MORIR

Para empezar a trabajar con el duelo propio o ajeno, hay un importante escollo social a salvar: hablar de la muerte con naturalidad.

Puede ocurrir, esto es una especulación muy personal, que al hablar de la muerte, la vida se nos presente desde otro enfoque. Y, puede ocurrir también, que nuestras prioridades cambien con este acercamiento a la única verdad incuestionable: al menos, la existencia fisica tal como la conocemos, se acaba.

El Death Cafe es un espacio de confianza en el que, no mas de 15 personas comparten, si quieren, y presencian la expresión de los demás, sobre temas relacionados con la muerte. Una experiencia que, sin ser un espacio de terapia, ayuda mucho a aligerar la carga que nos produce, tanto la muerte de un ser querido, como el estar preparados o no, para nuestra propia muerte.

Los Death Cafe llegaron gracias al trabajo de Jon Underwood, inspirado en la idea del sociólogo suizo Bernard Crettaz de 2004. La base de esta iniciativa británica, no es más que una tertulia de terraza o salón, con la muerte como tema central.

Esta iniciativa me alentó a empezar con estas tertulias al abrigo de un café, que gracias a la involucración de los distintos ayuntamientos del Valle del Guadalhorce que pronto se hicieron eco de la propuesta, ya van mas de un ciento de asistentes que en su mayoría repite experiencia.

Si quieres organizar un Death Cafe con tu familia, amigos, o en tu asociación en Málaga y alrededores, házmelo
saber a través del formulario de contacto que encontrarás al final de esta página.

También puedes consultar el calendario con los próximas encuentros programados.

Además, la cultura anglosajona, más dada a celebrar la vida que a llorar la muerte, nos trae de manos de la Asociación Dando Vida a la Muerte, un espacio abierto a la sociedad, para compartir y expresar miedos o expectativas a cerca del momento final de la vida.

Hablar de MORIR con niños y adolescentes

Mientras, antiguamente, los niños corrían por la casa cuando se velaba al difunto, hoy casi nadie ve a niños o adolescentes por los tanatorios, y su entrada esta casi vetada en los hospitales.

Esta exclusión de los jóvenes de la etapa final de vida y muerte, está científica y ampliamente demostrado, que es un error.

Está claro que, ante la enfermedad y la muerte, si los jóvenes no se despiden, o no resuelven sus dudas, como se dice en mi pueblo, estas preguntas y despedidas se «enconan», lo que, básicamente, aumenta el riesgo de complicaciones.

El duelo es un estresor psicosocial grave que puede precipitar un episodio depresivo mayor en un individuo vulnerable. La juventud del doliente, la pérdida parental a edades tempranas, o la perdida de una hermana/o en la adolescencia, son factores predictores de riesgo de duelo patológico según Miguel y López (2007).

Las tasas de suicidio han aumentado de forma notable, sobre todo en personas jóvenes, lo cual deja una estela de dolor en un amplio espectro de personas que se relacionan con el suicida. En la familia, las/los compañeras/os de colegio y las/los profesoras/es de personas que han cometido suicidio, aumenta el riesgo de sufrir trastorno de ansiedad y depresión (Shaffer 2001).

Es solo un ejemplo, pero en un reciente análisis de las respuestas que me dieron las/los alumnas/os de entre 19 y 38 años, en talleres sobre la muerte y el duelo, pude comprobar como al 68% no le fue cómodo «hablar de la muerte propia o la de un ser querido» cuando se planteó la propuesta. Sin embargo, el 83% se sintió bien o muy bien, tras la dinámica realizada al respecto. La mitad admitió que no había expresado nunca esos sentimientos que entonces se les propuso.

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