HumanizArte

A cuento del Entrenamiento en el Cultivo de la Compasión (Compassion Cultivation Training, CCT), se han ido encendiendo en mi conciencia diversas bombillas y alguna que otra, ilumina oscuridades de casi 20 años.

Mi concepto de lo que es más o menos humano, no tiene que ser el del/la que lee, pero coincidiremos al menos, que el trato humano, es desde luego, el queremos para ambos.

manos-unidas-corazon-comunidad-amor

Me di cuenta por primera vez de la diferencia de prioridades a la hora del trato humano, cuando en 1998 en el AMC Hospital de Amsterdam, me encontré trabajando en amplísimas (+-50 m²) y exteriores (con enormes ventanales) habitaciones mixtas, con 6 enfermos. Asombrada descubrí, que lo que aquí estaba tan criticado, se daba allí, para un acompañamiento mutuo fuera de las horas de visita (dicho sea de paso, más flexibles que aquí por aquel entonces), perfectamente compatible con la intimidad y el respeto a la situación del/la otr@. Por supuesto, la posibilidad de habitación individual existía (con cama para un familiar), cuando el estado del paciente podía molestar a los demás, o los demás se convertían en asistentes indeseados en un duelo.

Más tarde con el COVID, he aprendido que mis prioridades tampoco son las de much@s sanitari@s. Marcados por la sospecha, muchas personas de mi gremio no se acercaban a nadie, mucho menos a sus familiares. Ni mejor, ni peor, mi foco fue distinto. Tuve muy claro que no dejaría de ver y abrazar a mis padres si ellos no querían que dejara de hacerlo. Cuando las cosas se pusieron feas y lo ingresaron, aun con trato de favor por ser compañera, solo pensaba como gestionar un alta voluntaria antes de dejarlo morir sin su familia. En nuestro caso no fue necesario.

Con veintipocos años, una visita a distintos hogares de las Misioneras de la Caridad en Calcuta, dejó tocado mi orgullo juvenil y mi soberbia occidental. Algun@s voluntari@s también lo pasan mal allí, pero más que ver con la miseria a la que no estaban acostumbrad@s, que con la diferencia de foco en lo humano del que vengo hablando.

Llegamos con nuestros artículos sanitarios a uno de los hogares, creados para acompañar en la muerte a los que no tienen nada, los despojados hasta de su nombre, los intocables. Resumiendo mucho, yo creía poder ayudar con mi flamante carrera de enfermera, pero me «relegaron» con los demás, a acompañar a los moribundos, leyéndoles, untándoles cremita, o trayéndoles un café. Estar con ellos por estar. Algunos voluntarios hacían eso mismo en mi propio hospital, cuando en Navidad los abuelos quedaban abandonados, porque a sus familiares «les da miedo que empeore» incluso con la oferta de alta médica sobre la mesa. ¡No iba yo a India, a hacer lo que no hago en mi tierra siendo necesario!…  Este «desprecio» a mis conocimientos me llevó directamente a la terraza del hogar; lavar y tender sábanas con jóvenes de medio mundo, era claramente más divertido que sentarme al lado de algún «viej@» a quien no conocía. Cuanta soberbia, cuánto daría por volver…

Recuerdo esto hoy con dolor. Habrase visto ignorancia supina! pues claro que el conocimiento de un enfermero les podía venir bien, pero lejos de «la distancia para no quemarte» que nos enseñaron en la carrera, no habrá buen cuidador que no empatice con el objeto de sus cuidados, y eso, como la compasión, se entrena.  Más aún, frente el apabullante Cronos que todo lo mide, l@s profesionales de los cuidados debe saber que un trato humanizante no necesariamente toma más tiempo, se trata de ejercer los cuidados de una forma caracterizada por la presencia y la compasión. Un tiempo de Kairos, enriquecedor y amoroso para el que cuida. Como Mati de Torres Villagrá escribía recientemente “lo valioso, no surge del esfuerzo sino de la pausa, del silencio, de la quietud y su utilidad es bastante discutible». La utilidad de un ser humano que acompaña a otro ser humano…. Estar por estar es Arte.

Scroll al inicio